viernes, 29 de junio de 2012

Y tú, ¿en qué crees?





Un accidente en el que perdí una pierna me marcó la vida. En el colegio viví malos momentos por las burlas de mis compañeros, pero recuerdo un momento muy especial cuando tenía siete años porque fue clave. Recuerdo perfectamente aquella tarde en la que llegué a casa después de esos insultos. Me encerré en el cuarto de baño y me pasé toda la tarde llorando. Mis hermanos mayores intentaron en vano sacarme de mi encierro, hasta que fueron las palabras claras de mi madre las que me hicieron reaccionar: «hay una realidad que no puedes eludir y es que te falta una pierna. La cuestión es ésta: o lo superas o te quedarás en el camino». Ahí comprendí una lección muy valiosa y es que siempre necesitamos a alguien en quien volcar nuestros sentimientos. Para mí, esa persona fue mi madre. Me falta una pierna, sí, pero no por eso pienso de manera diferente a las personas que tienen las dos.


Si tuviera que elegir tres palabras clave que han marcado mi vida serían fe, constancia y sacrificio. La fe me ha servido para luchar por todo lo que he querido. Con la constancia he conseguido las cosas y el sacrificio para mí es sinónimo de superación. El sacrificio es ese esfuerzo extraordinario que realizamos para lograr algo que merece la pena. El sacrificio está por encima de comodidades o preferencias.

Tengo que entrenar a niños que tienen dos piernas pero yo sólo tengo una. Aunque no voy a negar que a lo largo de mi vida me he encontrado con muchas puertas cerradas, esta situación no tiene por qué significar un obstáculo ni un freno para hacer mi trabajo con eficacia e ilusión. Un entrenador es una puerta al estímulo para el crecimiento social, intelectual y afectivo de sus jugadores. La práctica de un deporte desde pequeños es una escuela de vida de enorme poder. El sentido común, la educación y el respeto a los demás son tres ángulos fundamentales que convienen trabajarse desde edades tempranas. Si estos pilares se forjan desde pequeños, el futuro adulto tiene mayores posibilidades de convertirse en alguien más analítico, con criterio, coherente, resolutivo y centrado en conseguir un interés común y un punto de entendimiento con los demás.

El respeto por uno mismo, por los demás y por el proyecto que se está defendiendo es un punto de partida que actúa como base para el entendimiento entre los seres humanos. El respeto consiste en el reconocimiento de los intereses y sentimientos del otro en una relación, que se aplica tanto a las relaciones interpersonales como a las grupales. En el deporte el respeto hay que ganárselo en las pistas, en los terrenos de juego, en las canchas o en el césped, y se refrenda con cada partido, con cada actuación, en cada entrenamiento y con los compañeros.

Desde que tenía diecisiete años, deseaba ser entrenador de fútbol y un día me concedieron una beca para ir a Madrid e intentar mi sueño, pero me daba un miedo espantoso. Fue mi padre quien me insistió y casi de forma imperativa me obligó a no dejar pasar ese tren. Abandoné mi ciudad y dejé todo lo que me era familiar. Cuando empezó el curso, me sentí desubicado, no conocía a nadie. Cada día, después de clase, bajaba a jugar al fútbol a un campo situado frente al colegio. Ese campo era el del Rayo Majadahonda y un día un directivo del club le vio jugar y decidió apostar por él ofreciéndole un equipo.

En la vida debemos siempre seguir avanzando con objetivos que cumplir por delante. Los objetivos me sirven tanto para crecer como persona como para enriquecerme. Nadie tiene el derecho de pararte. Tus valores y tus principios son tu imagen y lo más importante en la vida es creer en algo. Tal como les digo a mis chicos hay que ser siempre positivos y en los momentos difíciles hay que dar fuerza y aliento a cuantos nos rodean. Por muchas trabas que te pongan, nunca tengas el no en tu mente. Todo es posible, si tú quieres. Nuestra actitud es lo que vale.

© Eduardo Valcárcel
Director de la Escuela de Fútbol Base de la Real Federación Española de Fútbol

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