viernes, 30 de septiembre de 2011

Cómo vestir para una entrevista de trabajo

Ni existe una regla estándar, ni todo vale. Ante la disparidad de sectores profesionales, los expertos recomiendan lógica, naturalidad y seguir el clásico lema de ‘donde fueres, haz lo que vieres’.

Mucho se ha escrito ya sobre cómo enfrentarse a una entrevista de trabajo en términos de currículum, es decir, cómo reforzar nuestros puntos fuertes, destacar la experiencia profesional o aquellas cualidades que nos hacen merecedores de un puesto de trabajo mejor. Pero, quizá, un tema que no se ha tratado tanto es cómo vestirse para presentarse ante el entrevistador. En un principio, podría parecer un tema nimio e incluso algo insustancial pero, ¿sabía que los momentos más importantes de una entrevista son los dos primeros y últimos minutos de ésta? Al final, la suerte se echa en las primeras impresiones.

“Muchas veces, no se trata tanto de hablar, sino del lenguaje corporal y de cómo se presenta un candidato ante el entrevistador”, explica Emilie Grandjean, manager de Page Personnel, una consultora especializada en contrataciones para negocios y ofertas y solicitud de empleo.

Según dice Grandjean, la forma de afrontar una entrevista de trabajo –estilísticamente hablando- varía mucho del sector para el que se vaya a realizar. “Por ejemplo, las empresas net o 2.0. no requieren un look excesivamente arreglado para la ocasión. Una americana y unos chinos pueden ser de lo más apropiado. Incluso en algunas podría admitirse pantalones de tejido vaquero. Sin embargo, en empresas más clásicas como un bufete de abogados o una consultora, lo mejor es acudir de traje”, añade. En este último caso, lo ideal es seleccionar uno en colores neutros –grises, marino o negro-, no excesivamente claro y sin estampados –como mucho una raya diplomática muy fina-. Los complementos, cuanto más discretos, mejor.
Ante la duda, Grandjean explica que siempre es mejor ir más vestido que pasarse de casual, tomar nota de cómo se presentan los entrevistadores y, en el caso de un segundo encuentro, seguir ejemplo. “Al final, se trata un poco de lógica y de evitar los excesos, que de una u otra forma siempre son malos”, dice. Así, en el caso de las mujeres, no se recomienda ir demasiado maquillada, por ejemplo.

Algo que prácticamente no se debería ni mencionar es que la percepción de falta de higiene causa una sensación pésima en los entrevistados: “Manchas en la ropa o unas uñas sucias son algo que jamás debería verse en una entrevista de trabajo”, confirma la representante de Page Personnel.

Esa primera impresión, se verá acompañada del lenguaje corporal que desarrolle el entrevistado: la manera de presentarse, de dar la mano y de sentarse son puntos iniciales básicos que quedarán sellados en la memoria del entrevistador. “Lo importante es la naturalidad”, dice Grandjean. Y añade: “Es muy importante la escucha activa, responder a lo que se pregunta y no tener miedo a los silencios. Hablar mucho, mover la pierna o gesticular demasiado son signos inequívocos de estrés y, con ello, de inseguridad”.

Ante la crisis y el paro flagrante, Emilie Grandjean dice haber notado un perfil de entrevistado mucho más preparado que hace unos años. “La competencia es mayor y su nivel de formación también, tanto a nivel profesional como de conocimientos acerca de cómo afrontar este tipo de trámites. Antes, muchas veces venían simplemente a escuchar, a ver qué se les ofrecía. Ahora se intenta al máximo hacerse con el puesto. Algunas personas han necesitado de meses para conseguir simplemente una primera entrevista, y eso se nota”, afirma.

De una u otra forma, Grandjean no se lo piensa a la hora de dar un consejo, sea del sector que sea, “sea usted mismo, sea sincero y nunca se venda demasiado”.