lunes, 22 de septiembre de 2014

8 consejos para caer bien en el trabajo

caer-bien-trabajoLas personas optimistas, positivas y humildes suelen caer mejor en el trabajo que aquellas que tan sólo desprenden negatividad o altanería. Las primeras generar buen ambiente, y por lo tanto, superiores y compañeros tienen una buena imagen de ellos. Las segundas acaban generando rechazo. Por eso es muy importante llegar a caer bien en nuestro entorno laboral. Hoy, en Adeccorientaempleo te traemos algunos consejos para conseguirlo.

  1. Mantén una actitud positiva. Tanto cuando sean buenos momentos, cómo cuando pases por una mala etapa, intenta mantener esa actitud positiva. No es fácil y supone un cambio importante en la forma de ver la vida, pero si trabajas en este aspecto, mejorará no tan sólo tu vida profesional sino que también, seguramente, la personal.
  2. Ríe y sonríe. O lo que es lo mismo, fomenta tu buen humor y muéstrate divertido. Si desprendes tu buen humor, generarás energía positiva.
  3. Sé agradecido. Da las gracias a compañeros o superiores cuando te hayan ayudado en alguna cosa, felicita a aquél que haya conseguido uno de sus objetivos y halaga a quien se lo merece. A todos nos gusta que nos dediquen unos halagos.
  4. Sé flexible. Acepta nuevos puntos de vista y opiniones y tenlos en cuenta a la hora de trabajar. Aquellas personas que se adaptan a las nuevas situaciones y lo hacen de forma positiva, suelen caer mejor.
  5. Sé humilde. La humildad es otra de las características que predominan en aquellas personas que suelen caer bien a todo el mundo. Aunque no la finjas. Aprende a ser más humilde, centrándote en tu trabajo y no en el de los demás y asumiendo que, aunque seas muy bueno en tu trabajo, habrá alguien que lo pueda hacer mejor y que te supere en capacidades.
  6. Mantén las formas. Para caer bien, debemos hablar de forma correcta, sin decir palabras malsonantes y manteniendo la compostura. No te olvides tampoco de tu aspecto físico: lleva ropa adecuada y no vayas desaliñado al trabajo. Y, aunque no debería hacer falta decirlo, no descuides tu higiene personal. Tampoco abuses del perfume.
  7. No cotillees. Ni participes en conversaciones en que lo hacen. La mejor manera de crear mal ambiente en el trabajo es hablando a la espalda de los otros, las personas que lo hacen generan un impacto negativo. Tú, no entres en ese juego.
  8. Mantente motivado. Trabajar al lado de una persona que transmite pasión y motivación por lo que hace, transmite positivismo y buen rollo. Sé una de esas personas. Sé apasionado en tu trabajo, vívelo y disfruta con él.

Blog Adecco

viernes, 19 de septiembre de 2014

La comunicación no verbal: los brazos

Sabemos que como candidatos se nos va a analizar, por ello se practica la entrevista no solo a nivel de respuestas a dar (comunicación verbal), sino que también nos preocupa lo que transmitimos con nuestros movimientos, gestos y posturas (comunicación no verbal).

depositphotos.com-Pakhnyushchyy 
He hablado en anteriores ocasiones sobre la comunicación no verbal, y aunque hoy voy ha hablarte sobre los brazos, debo insistir en que no hay que tomarse demasiado a pecho la comunicación no verbal que mostramos ya que es difícil de controlar y cambiar y no siempre todo se puede interpretar como dicen los libros o los expertos.

Si te interesa el tema de la comunicación no verbal, puedes leer los anteriores post que he escrito sobre el tema:
Son muchos los estudios que dicen por ejemplo que estar cruzados de brazos por delante indica que se está nervioso, en actitud defensiva, que se desconfía y envía un mensaje de “cerrado” al otro. Como digo, son estudios y no siempre se cumplen al 100%. En selección de personal debes de “calibrar” a cada candidato ya que hay muchos gestos y posturas aprendidas que no transmiten el mensaje que dicen por ejemplo los estudios.

Si una persona está con los brazos cruzados por delante pero me está sonriendo, tiene la expresión facial relajada y me está dando detalles y hablando con cordialidad y cercanía, no puedo quedarme con que cruza los brazos ya que todo lo demás no me muestra que está nervioso, a la defensiva, desconfiado, etc. Es posible que esa persona haya aprendido de alguien (posiblemente un familiar o persona cercana) esa postura corporal.

Sin embargo es importante que te conozcas a ti mismo para saber si al cruzar los brazos estás transmitiendo lo que dicen los estudios o es “casualidad”. Para tu tranquilidad, decirte que prácticamente todos los candidatos cruzan los brazos al sentarse en la sala de espera, pero esto es normal por el mínimo nerviosismo del comienzo de la entrevista y unido a que pasa a encontrarse en un nuevo espacio desconocido también provoca esa reacción.

A continuación te dejo la explicación o significado de las posturas con los brazos según estudios para que puedas analizar si las utilizas o no con el mismo significado que los estudios y con qué frecuencia.

1. Brazos cruzados por delante: se está nervioso, en actitud defensiva, se desconfía. Envía un mensaje de “cerrado” al otro.
2. Brazos cruzados por detrás agarrándonos las manos: indica superioridad y seguridad. Actitud dominante.
3. Brazos cruzados por detrás agarrando las muñecas: indica intranquilidad y seguridad.
4. Brazos cruzados pero con los pulgares de las manos hacia arriba: actitud dominante y positiva, pero queriendo demostrar superioridad en algunos casos.
5. Brazos cruzados y puños cerrados: indica hostilidad y agresividad.
6. Brazos “colgando” del cuerpo: indica que no estamos convencidos de lo que decimos o que no nos interesa convencer a la otra persona.
7. Brazos y manos activas (gesticulando con normalidad y moderación): transmite energía y vitalidad.
8. Agarrarnos un brazo: significa estar expectantes, pendientes.
9. Sujetar las piernas con los brazos: indica inmovilismo, terquedad, cierre.
10. Agarrar el brazo u hombro del entrevistador al saludarlo: indica exceso de confianza e invasión del espacio personal del otro. No debe hacerse en entornos de entrevista, solo con grandes amistades en las que hay confianza. Es una acción muy intrusiva.

Ahora ya tienes una “guía” de lo que dicen los estudios y expertos, pero recuerda analizarte para saber si transmites lo mismo o es una postura o gesto aprendido de alguien. Recuerda que tus palabras y resto de gestos y posturas pueden ayudarte a transmitir algo totalmente distinto.

Y sobre todo, ¡no te obsesiones el día de la entrevista!;-)






jueves, 18 de septiembre de 2014

A Simple Strategy for Controlling Colleagues' Gossip About You

A Simple Strategy for Controlling Colleagues' Gossip About You
Photograph by SuperStock via Getty Images



We all have good stories to tell about our fortes and foibles. You know, the one about the time you spilled coffee on the chief executive officer’s lap during your lunch interview and still got the job. Or when you serenaded a potential new hire on the phone and beat out a competitor’s offer through sheer humility and humor.

We tell stories to make a point and to make something memorable. Stories explain something about ourselves beyond a list of traits. A good story lets the listener see just what you mean by “unafraid of embarrassing myself to land the candidate.” Telling a good story can help your career.

What about when your story gets away from you? When your boss, colleagues, or team create the story for you—and before you know it, a Frankenstein’s monster of a tale is loose, with your name on it?

Early in my professional life, I co-managed the construction of a small-scale hydroelectric plant on a pristine river in Washington’s Cascade Mountains. Charged with complying with environmental permits, I was eager to exercise my passion for minimizing the project’s impact. Several months into the job, however, a colleague divulged that I almost didn’t get the position. Our boss thought I wouldn’t agree to work up to my knees in mud in the project’s tunnel. My colleague persuaded him otherwise, thank goodness. But who on earth fed him that story? Did people really think I was a dainty princess, unwilling to explore a leadership opportunity at the core of our business just to keep my shoes clean?

It turns out that our firm’s receptionist had the boss’s ear—she was a longtime employee who had watched him expand the business. (This is not uncommon, even at the largest corporations, although then it might be the CEO’s executive assistant spinning the tale.) He asked her about her impression of me, the latest hire, and she told him. My story—and reputation—had been co-opted by someone who had judged me based on a polite phone conversation.

That early lesson taught me I couldn’t afford to let others characterize me, or my intentions, without my input.

Leaders, being in the spotlight, are particularly at risk. Team members often see only parts of projects. They can miss meetings, or work off-site. Ordinary scenarios can breed uncertainty (“What did he say?”), followed by speculation (“He seemed pretty unhappy with the project schedule.”) Before you know it, the team has created your story. “He’s going to make some big changes around here, even though the delays aren’t our fault.” In a heartbeat, you can go from being a motivating leader whose team gets the job done to a self-interested jerk willing to throw his team under the bus.
To maintain a firm grip on your stories and reputation, try the following:

At the beginning of every message, state your intentions. Not an agenda, but in your own words, relate your purpose in communicating: “I’m proud of this team for making the best of supplier delays.”

Frame requests so as to avoid speculation or negative interpretation. “While we didn’t cause the delays, the onus is on us to make up the lost days.”

Communicate early and often about your plan, what you are doing, and what you are going to do. Eliminate openings for others to speculate about your activities. “We’re going to form sub-teams to scrub every possible minute out of the production schedule and gain time where we can.”

Share progress. Even if your story gets away from you, results can trump gossip, at least in the short run. “We not only recouped our schedule losses, we delivered a day ahead of time.”
Rinse and repeat.

In the absence of information, people fill in the blanks. Unfortunately, what they fill in will often be negative because worst-case scenarios at least prepare them for action. As a leader, you need to own your stories, for your sake and for that of your team. By sharing expectations and communicating direction about how events should be interpreted, you not only manage your reputation, you make the workplace feel safe and predictable.

Karen-cates-190
Cates teaches negotiations, human resource management and organization behavior for MBA programs at Northwestern University’s Kellogg School of Management. She also teaches executive education programs on issues of leadership development, communication, and employee relations. As an executive coach she serves as a mediator to resolve in-house conflicts, and advises organizations on leadership and their people management systems. 
 
 

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Reunionfilia

“Está reunido”… es la infranqueable muralla en la que nos estrellamos, bastante a menudo, cuando pretendemos hablar con alguien y no podemos porque él “está reunido”. Hoy no haremos referencia a aquellas ocasiones en las que jefes de despachos, así como ayudantes y asesores son defendidos por sus secretarios o secretarias con un simple “está reunido”. Únicamente hablaremos de las veces en las que está reunido de verdad.
 
“Las reuniones de nuestro equipo son una calamidad. Estoy perdido, no sé como mejorarlas. Somos todos buenos profesionales individualmente, sin embargo, cuando nos reunimos, sólo conseguimos perder el tiempo. Pasamos horas reunidos y no llegamos a acuerdos, por un lado no sabemos comunicarnos con equidad, por otro lado la desconcentración planea constantemente sobre todos nosotros". Me confesaba hace poco el Director Gerente de una gran organización.

Proudfoot Consulting realizó un estudio en 235 empresas en todo el mundo, sobre el aprovechamiento de las reuniones, y encontró que sólo un 41% preparaba una planificación de la reunión antes de llevarla a cabo, de estas sólo un 38% la cumplían, y de éstas, únicamente un 13% revisaba lo tratado al final de la reunión.

¿Por qué tanta reunión improductiva?. Es evidente que las reuniones son necesarias, ya que constituyen el instrumento de comunicación interna más popular en el mundo organizacional. Además de ser valoradas por facilitar el contacto “face to face”, que contribuye a cohesionar el equipo de trabajo, son muy útiles para decidir, previo debate, sobre asuntos que tienen relativa trascendencia; así mismo son necesarias para fijar criterios, poner en común distintos aspectos y compartir opiniones. Bien planificadas y dirigidas, nos llevan a crear enlaces y sinergias entre todos y cada uno de los integrantes de la organización, ya  que la participación de cada uno de ellos, solamente puede hacerse efectiva a través de herramientas e instrumentos afinadamente diseñados para tal fin. Verse las caras puede venir bien, pero no puede ser el objetivo de las reuniones.

Sin embargo gran parte de las reuniones que se celebran, no son tan eficaces como sería deseable, y en muchas ocasiones porque no están bien organizadas, ni convenientemente preparadas por el coordinador o jefe del equipo, o simplemente se convocan sin una razón de peso que justifique que la reunión sea realizada. Cuando esto ocurre, las reuniones terminan convirtiéndose en una pérdida de tiempo, cuando no en un “escondite del trabajo que espera” al otro lado de la puerta de la sala de juntas. Y, aunque más imperceptiblemente, hiere la profesionalidad de cada uno de los miembros del equipo, que salen de la reunión preguntándose: “y, ¿para esto nos reunimos?”. Más allá: la reunión va perdiendo su poder simbólico, pasando de ser un instrumento de trabajo, a desenfadados grupúsculos o cenáculos de camaradas.

Si tuviéramos en cuenta, que reunirse implica fijar un orden del día, avisar con tiempo a las personas que han de participar en ella, requerirles cierto nivel de exigencia en el conocimiento de los temas que se van a tratar, y establecer y cumplir (sin justificaciones para la impuntualidad) un tiempo de inicio y finalización de la misma, aumentaría el nivel de eficacia de las reuniones, y consiguientemente de la efectividad organizacional. Hacer reuniones maratonianas es hacer reuniones improductivas. Es una realidad que gran parte de las reuniones fracasan debido a que la gente llega a ellas tarde, y en muchas ocasiones, sin interés.

Por otro lado, es responsabilidad del coordinador o jefe del equipo, evitar que la reunión se convierta en una balacera de ataques personales, y facilitar la participación de todos los integrantes, evitando monopolizaciones de argumentos o tiempos de exposición, utilizando si fuera preciso la autoridad que su rango le confiere. Así mismo es responsable de que la reunión no se aleje de los objetivos para los que fue convocada, y derive en una mera conversación sin conclusiones. Ni que decir tiene que, las conclusiones de una reunión, así como las decisiones adoptadas, deben de quedar reflejadas en un acta de reunión, para ser cumplidas.

La lástima es, que de ser grandes herramientas, las reuniones pueden llegar a ser la cosa que más tiempo hace perder en una carrera profesional: reuniones tediosas, innecesarias, inútiles y culpógenas, ya que muy a menudo se convierten en el instrumento idóneo para echar la culpa y poner en evidencia a nuestro enemigo en la organización.