jueves, 9 de febrero de 2012

¡Socorro! Soy el nuevo en la oficina

Ser el recién llegado es una lacra que le puede marcar en su vida laboral si no actúa con coherencia, seriedad y transparencia desde el primer día. Si viene a ocupar un puesto que nadie quiere potencie la humildad, escuche al resto pero... no sea ingenuo.

Quién ha olvidado su primer día de colegio? ¿Y su primer trabajo? Desde hace unos años los más pequeños tienen una semana de adaptación al inicio de su vida escolar, un privilegio del que no disfrutan los adultos que se incorporan a una nueva empresa y tienen que dar lo mejor de ellos mismos en un recién estrenado puesto. Y aún hay más: deben presentarse de forma impecable a sus jefes o compañeros porque, no lo olvide, la primera impresión es la que cuenta. En los últimos años, los planes de acogida han sido la solución de las organizaciones para dar la bienvenida al nuevo: durante un par de días la empresa informa al recién incorporado, en algunos casos con ayuda de un tutor, cuál será su lugar de trabajo y le pone al corriente de cómo funciona la organización.

Gran parte de las firmas del Ibex 35 siguen este esquema. Y otras de las grandes, dependiendo del puesto, imparten un programa formativo previo a la incorporación. Es el caso de Mercadona.

Nadie está preparado para ser el nuevo, ni siquiera los que presumen de una larga experiencia profesional. Héctor Ínfer, socio de Transform Action, asegura que no existen recetas infalibles para caer bien en el primer contacto, pero recomienda "trabajar el estado de ánimo para manejar los miedos internos. Desde el miedo no se rompe el hielo". Este consultor explica que los estudios demuestran que la primera impresión no tiene que ver con lo que se dice sino con cómo se dice y desde dónde: "El impacto de la palabras en nuestro interlocutor supone el 7%; el tono de voz, la cadencia y la frecuencia el 38%; y la gestualidad, incluso la que se transmite hablando por teléfono, es del 55%. Si se intenta lanzar un mensaje cálido verbal sin la ayuda del resto resulta incoherente". Dibujar la situación también configura la carta de presentación del nuevo, "no se trata de un tema cognitivo, sino emocional2.

José Manuel Chapado, socio director de Isavia Consultores, asegura que hay valores que se transmiten y respiran. Uno de ellos es la humildad: "Cuando la actitud del recién llegado es humilde y tiene auténtica vocación de servicio, los demás lo perciben”. Pero conviene no ir de buenazo. "No hay que confundir la humildad con una actitud de perdón por llegar el último y ser el nuevo que aterriza como un helicóptero sobre la cabezas de quienes llevan años luchando por merecer la posición que ahora usurpa el nuevo. Si pide este tipo de disculpa, aunque sea guiado por su buena intención, puede pecar de ingenuidad excesiva, y quedar al pie de los caballos".

Por su parte Diego Martos, director de Di Towanda, propone algo tan simple como "ser tú mismo, hacer el primer día lo mismo que harás el resto". En el caso de trabajar con un equipo afirma que "la clave está en comunicar de forma excelente qué quieres de tus colaboradores y sólo a partir de ahí observar quién hace lo que dice, es coherente, y quién trata de salvar su puesto de cara a la galería, lo que refleja el miedo". Sin embargo no parece tan sencillo porque, como explica Chapado, "el primer día hay un tridente poderoso en la conducta: la prudencia, evita gestos impulsivos y expresiones fuertes; el humor aderezado con mucha cercanía y humanidad; y, por último, empatía, ponerse en lugar de los otros".

Y si cuando termine su primera jornada laboral regresa a casa inquieto por la impresión que ha podido causar, como dice Ínfer: "Busque a alguien que le explique cómo lo ha hecho. Pregúntese qué le ha pasado. En vez de buscar un culpable asuma responsabilidades".