lunes, 21 de enero de 2013

¿De verdad importa que el jefe sea bueno?

  • La investigación "El valor de los jefes" refleja hasta qué punto aumenta el rendimiento un buen encargado
  • Según el estudio mientras que los empleados suman a la productividad de la empresa los jefes pueden multiplicarla





¿Cuánto influye el jefe en nuestra productividad? ¿Qué aporta? Estas cuestiones son la base de uno de los últimos programa de radio Freakonomics, podcast relacionado con el libro del mismo título.

Como aclara el periodista Stephen J. Dubner, no hay duda de que un mal jefe es un lastre, pero hay que saber cuánto aporta uno bueno. En muchas ocasiones se dan recetas para ser más productivos pero pocas veces se cuantifica cómo influye la figura de un líder en las personas que trabajan para él. Para eso Freakonomics usa el estudio “El valor de los jefes”, de los profesores Edward P. Lazear y Kathryn L. Shaw, de la escuela de negocios de Standford, y Christopher T. Stanton, de la escuela de negocios David Eccles.

La investigación se realizó en una gran empresa de servicios que disponía de una fuerte informatización con la que cuantificar la productividad de un equipo en función de quien lo comanda. Así, el estudio concluye que si medimos la calidad de los jefes y sustituimos a uno que está un 10% debajo de la media por uno que está un 10% por encima, la producción a lo largo de un año aumentará como si hubiéramos contratado una persona más en el equipo (que inicialmente contaba con 9 personas).

Para los investigadores la influencia de un jefe en la organización es mucho mayor que la de cualquier trabajador. La afirmación, siempre dentro de un estudio que no repara en detalles propios de cada grupo humano, determina que mientras que los empleados suman los jefes multiplican. Textualmente dicen “un aumento de la calidad del supervisor se multiplica por el número de individuos que trabajan con él”.

A la hora de distribuir los cargos intermedios hay que saber que los buenos jefes aumentan la productividad de los trabajadores de alta calidad más que el de los trabajadores de baja calidad. Mejor será, por lo tanto, no mezclar al mejor jefe con el peor departamento de la empresa. Haremos peor al mando y no mejoraremos al grupo.

Para los investigadores, cada vez que uno de los cargos superiores llegaba a un nuevo grupo de trabajo su productividad mejoraba sensiblemente. Algo fácil de comprobar en la compañía analizada ya que se cambiaba un par de veces al año de jefe, dependiendo de en qué proyecto se estuviera trabajando. Esto puede deberse a la motivación ante el cambio que surge en el grupo o a las enseñanzas de la persona que llega. Según el estudio, el impacto de un jefe no viene tanto por la supervisión o por ese entusiasmo extra sino por esos métodos de trabajo que pueden mostrar. Algo que se mantiene en el tiempo. Casi un 65% del aumento de la productividad continúa a pesar de que el jefe que nos lo haya enseñado se haya marchado (aunque con el tiempo lo aprendido es probable que desaparezca).

Fijarse en el equipo
Dubner, además del estudio, aprovecha para entrevistar a Jow Maddon, gerente del equipo de beisbol los Rays de Tampa (EEUU). Él también aprovecha la estadística para medir el rendimiento de sus jugadores y obtener mejor rendimiento deportivo. De ahí ha extraído conclusiones como saber que no es bueno reportar el total de información a los jugadores o que los equipos veteranos necesitan gerentes con un impacto menor que los jóvenes.