viernes, 10 de mayo de 2013

‘Posi-tuit-vismo’

Una de las tendencias que más se están beneficiando de la facilidad para divulgar los mensajes superficiales y fatuos que circulan por las redes sociales es la del pensamiento positivo.

Se trata de esa moda que pretende convencernos que no hay problema que se resista al poder de la mente. Al leer lo que dicen algunos en Twitter o Facebook es fácil sentirse como un Jedi sin espada láser.
Algunas de las frases que se tuitean son tan almibaradas que deberían incluir un mensaje de advertencia para los diabéticos.
Uno llega a la conclusión de que lo que no es pensamiento positivo, no vende. En un mundo en el que cualquier idea relacionada con la religión está mal vista, el positivismo es como un IKEA emocional, en el que cada cual construye su visión del mundo a su gusto. Si alguien sugiere que para que ocurran las cosas hay que ir más allá de los deseos y de abrazar a desconocidos, se dará cuenta de lo negativos que pueden llegar a ser los fundamentalistas de lo positivo.
No hay que olvidar que en la nueva religión de la actitud positiva la negatividad es el nuevo pecado. Si alguien simplemente plantea que para que las cosas sucedan no basta con desearlas con fuerza le pueden lapidar virtualmente.

Los conferenciantes motivacionales, primos hermanos de los telepredicadores que hemos visto en las películas, ya tienen un hueco en nuestro entorno y están bien cotizados. Y las redes sociales son el mejor caldo de cultivo para exponer su mercancía.
Las empresas multiplican la demanda de gurús de la felicidad en el trabajo y otras hierbas emocionales. Son ideales porque emocionan, pero no revolucionan al personal.
Es difícil encontrar mensajes en dospuntocerolandia que fomenten el esfuerzo, el trabajo, la responsabilidad o la paciencia. Empieza a ser complicado ir a algunos eventos empresariales sin pensar que estás en una secta y/o en un espectáculo de monólogos.
Con un simple vistazo a algunos de los tuits y las frases que circulan por la red es fácil darse cuenta de que tienen tres características:
La primera es que aunque se supone que te incitan a pensar por tí mismo, la mayoría son imperativas: atrévete, no esperes, disfruta, etcétera. La segunda es que muchas están planteadas en forma de preguntas que se supone que deben hacerte pensar. Quizá eso se debe a que en 140 caracteres no hay mucho espacio para ofrecer una respuesta. Por último se da por sentado que te lo mereces todo pero no eres responsable de nada.
Lo peor es que esa tendencia a reducir los problemas a eslóganes y a frases buenistas está pasando de la red a las pancartas. Las frases que vemos en las manifestaciones parecen una colección de los tuits más ingeniosos y utópicos.
En esta tendencia paralizante muchos olvidan que, como dijo alguien, la verdadera actitud positiva es esperar lo mejor mientras te preparas para lo peor.

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