jueves, 4 de junio de 2015

Por qué no hay más mujeres ejecutivas

Tener una mujer en los altos mandos de una empresa puede indicar que no hay lugar para otra.

Una nueva investigación de la Escuela de Negocios Robert H. Smith de la Universidad de Maryland y de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia sostiene que la posibilidad de que una mujer sea contratada para uno de los cinco puestos ejecutivos mejor pagados de una compañía cae 51% si hay ya una mujer en la cúpula.

No es del todo claro por qué ocurre esto, pero los autores especulan que hay prejuicios inconscientes en juego.

iStock/Getty Images
“Podría ocurrir que los altos directivos varones sólo quieran marcar una casilla [“Mujer”]. No hay mayor esfuerzo, no hay mentores para nombrar a una segunda mujer en el equipo de alta gerencia”, dijo Cristian Dezso, profesor asociado de la escuela de negocios de la Universidad de Maryland y autor del estudio. Para aquellos ejecutivos, dice del académico, una mujer “es suficiente”.

Según el documento, que será publicado por el Strategic Management Journal, el porcentaje de compañías del S&P 1.500 con una gerente en sus niveles superiores pasó de 1,6% en 1992 a 8,7% en 2011. Pero la mayoría de las empresas que emplean mujeres dentro de sus cinco principales cargos ejecutivos sólo emplea a una mujer en esa categoría. 

Para profundizar su análisis, los investigadores crearon 100 muestras simuladas de las 1.500 empresas del Indice, manteniendo el número total de mujeres ejecutivas pero distribuyéndolo un tanto al azar (los investigadores replicaron algunas condiciones de las empresas reales, como el desempeño de la firma). En las muestras simuladas, encontraron que las mujeres se agrupaban de manera diferente, apareciendo en el mismo equipo de gestión con mayor frecuencia que en las compañías del S&P 1.500 real.

La hipótesis de Dezso es que las empresas tienen cuotas implícitas, motivadas por prejuicios inconscientes. Tal vez, dice, los ejecutivos hombres no creen que las mujeres sean tan eficientes como los hombres, o que su presencia en el equipo de liderazgo obstaculizará los resultados de la empresa (una idea que Dezso dice haber refutado en un artículo anterior, que determinó que las mujeres no sólo no hacen daño sino que en realidad pueden mejorar el rendimiento de una empresa).

Los ejecutivos pueden resistir activamente el ascenso de mujeres a la cúpula directiva, o pueden operar contra de ellas de manera más sutil, por ejemplo, no dedicando suficientes recursos para iniciativas de tutoría o formación de las empleadas mujeres, señaló Dezso.

Si ya hay una mujer en la parte superior de su empresa, sus colegas de alto desempeño decididas a subir la escalera corporativa podrían tener que buscar en otra parte, ya que las cifras sugieren que es poco probable que lleguen a los primeros lugares de gerencia en esa empresa.
En las firmas con una presidenta ejecutiva, los investigadores encontraron que el efecto de “una es suficiente” no era tan pronunciado. Las mujeres son algo más propensas a estar con otras mujeres en el equipo de alta gerencia, aunque no tanto como en las muestras simuladas.

“Hemos encontrado pruebas de la idea de que las mujeres se ayudan entre sí, pero esa ayuda, incluso cuando proceden de presidentas ejecutivas, todavía no es suficiente para superar la posible resistencia de los directivos varones”, concluyó Dezso.