miércoles, 20 de abril de 2016

¿Puede terminar la jornada laboral en España a las 18.00 horas?

Las propuestas para conseguir horarios más amables y adaptados a los nuevos modelos de trabajo chocan en nuestro país con malos hábitos, prácticas y culturas corporativas obsoletas que hacen muy complicado poner en práctica este paraíso laboral. El 'presentismo' o la exigencia de disponibilidad las 24 horas presente en muchas organizaciones hace que salir a las seis de la tarde sea una quimera. 

Si se cumpliera el proyecto de nueva jornada laboral formulado por Mariano Rajoy la semana pasada y tuvieras garantizado salir de la oficina a las seis de la tarde, cada día, ¿cómo cambiarían tu vida y tu trabajo?... ¿Crees que es posible esta revolución laboral y de horarios, más aún en España?... Cabe preguntarse si la propuesta es realista y sirve para todos los sectores, profesiones y actividades, o habrá quien se quede al margen de este nuevo paraíso laboral y de horarios.

Multitud de compañías en diversos sectores tendrán que establecer nuevas estrategias y modificar su organización para adaptar sus servicios, planes de carrera y funcionamiento a las necesidades y posibilidades de quienes, efectivamente, salgan del trabajo a las seis de la tarde. Porque no todos podrán hacerlo.

Si este escenario se cumple habrá que imaginarse a los técnicos de electrodomésticos, luz, agua, gas o telefonía, repartidores varios o comerciantes iniciando su jornada laboral a las 18,30, para dar servicio a las hordas de liberados por el trabajo que a esas horas ya habrán llegado a casa y podrán atender a esas y otras cuestiones y necesidades que antes exigían pedir horas o días libres. 

¿Habrá una nueva población de servicio que empiece su jornada a partir de las 19.00 horas? ¿Y una nueva clase profesional, formada sólo por aquellos que puedan acceder a las ventajas de los nuevos horarios?

Esta misma semana el diario británico The Independent -el mismo que acaba de tomar también una decisión revolucionaria, como es dejar de publicarse en papel- identificaba la siesta española como uno de los grandes obstáculos de un supuesto carácter productivo común europeo, y celebraba las propuestas del presidente del Gobierno en funciones español para establecer una jornada laboral más convencional -al menos para el carácter y la personalidad del resto de Europa- que amenaza definitivamente este "símbolo de la forma de vida nacional (spanish way of life, le llaman)".

No será precisamente la siesta el mayor obstáculo para un nuevo paradigma de horarios y fórmulas de trabajo. Antes que esta costumbre ancestral -cuyos beneficios saludables están probados científicamente-, otros malos hábitos, prácticas y culturas corporativas dificultan cualquier cambio en la jornada laboral y, lo que es peor, lo hacen ineficaz.

El peligro está en determinados entornos laborales -bastante comunes en nuestro país- que favorecen la improductividad: permiten refugiarse en tareas rutinarias y fáciles que no aportan nada y llevan a que muchos profesionales se queden hasta más allá del final de la jornada, porque en sus empresas el presentismo ineficaz se relaciona equivocadamente -e incluso se recompensa- con una profesionalidad mal entendida.

La indefinición y confusión total entre la esfera personal y la laboral implica el riesgo de quedar marginado profesionalmente si no se siguen las actividades y eventos extraordinarios que se imponen fuera del horario de trabajo. Además, demasiadas organizaciones valoran estar encima de la tarea sin medir la productividad y generan una cultura del alto rendimiento aparente.

Confundir la vida personal y la profesional

Nunca hemos tenido tantas facilidades para conciliar nuestra vida profesional con la personal, y nunca hemos tenido que luchar contra tantos factores que disuelven la línea que separa la faceta laboral de la esfera privada.

El sindicato IGMetall de Volkswagen en Alemania impulsó una regulación para favorecer que, durante unas horas al día, los trabajadores dejaran de recibir correos electrónicos o llamadas telefónicas relacionados con el trabajo. También el comité de empresa de BMW ha luchado por reconocer el derecho de los trabajadores a permanecer inaccesibles, por correo electrónico o teléfono móvil, fuera de su horario laboral, o a compensar esa disponibilidad permanente con tiempo libre adicional.

Y en Francia, un acuerdo entre dos grandes sindicatos y dos patronales del sector de asesoría técnica, ingeniería, servicios informáticos, recursos humanos y consultoría, también trató de prohibir los correos electrónicos y llamadas de trabajo a horas intempestivas.

Un estudio internacional de Randstad revela que un 39% de profesionales (como media) afirma que su empresa espera de ellos disponibilidad absoluta, y un 65% asegura recibir correos electrónicos o llamadas fuera de hora. En España esta cifra es superior a la media: un 68%. ¿Por qué toleramos el control de nuestra empresa? Al final, somos responsables de esa disponibilidad de 24 horas. Podemos decir "no" y marcar ciertos límites, aunque eso puede tener consecuencias. Estamos en nuestro derecho de preservar un espacio privado y marcar líneas rojas que nuestro jefe o nuestra compañía nunca podrán traspasar, pero es muy probable que negarse a contestar algún correo o alguna llamada fuera del horario laboral abra nuevas oportunidades a otro compañero que sí esté dispuesto a hacerlo. Parece evidente que las nuevas exigencias de tiempo y dedicación requieren una gestión ajena a la conciliación tradicional.

A todo esto se añade que la frontera difusa entre el trabajo y la vida personal lleva inevitablemente a la dificultad para comprobar cuándo se realiza efectivamente el trabajo. Y en el plano del control y los derechos a la intimidad y a la privacidad se plantean cuestiones como la forma de conseguir el equilibrio perfecto para controlar y medir a los trabajadores.

De la vieja conciliación a la nueva integración

Todo esto lleva a que los conceptos tradicionales sobre la conciliación de la vida laboral y la personal queden obsoletos. Frente al equilibrio entre ambas facetas, hay quien habla de la necesidad de integración. 

Paco Muro, presidente de Otto Walter en España, cree que "los buenos profesionales, comportándose como tales, sabrán integrar su vida laboral y privada en un conjunto que dé calidad de vida y calidad de rendimiento, sin tantas horas fijas, ni lugares fijos, ni puestos con tareas fijas. Trabajando por proyectos, por acciones, por planes, por objetivos, de forma interconectada y donde la tecnología sirva para producir más y mejor, sin invadir tiempos ni espacios que no corresponden".

La recompensa del tiempo libre gana adeptos

Parece claro que los profesionales aprecian cada vez más su propio tiempo. Jesús Vega, experto en recursos humanos, recuerda que las jóvenes generaciones contraponen el salario al tiempo libre y prefieren empresas más pequeñas, o incluso propias, a pesar de que pueden ganar menos dinero. La retribución y el estatus no les importa tanto.

Compañías como Adobe Systems brindan años sabáticos por cada lustro de permanencia en la empresa, y Boston Consulting Group otorga a los profesionales que llevan en la consultora a partir de cinco años un periodo de ocho semanas "para reflexionar y rejuvenecerse".

Aquí es donde se plantea el reto de casar el hecho de que las organizaciones exijan una disponibilidad de 24 horas a sus empleados con la realidad de que el tiempo es un factor decisivo de motivación, recompensa y engagement, mucho más importante que el sueldo o los ascensos. 

Ovidio Peñalver, socio director de Isavia, afirma que esto "sólo funciona con gente exigente y flexible, y sólo puede darse en organizaciones en las que no existe cultura de presentismo y requiere mucha madurez en la compañía y en sus profesionales".

Hay un cambio de paradigma, y la diferencia está en la creatividad y no en las horas invertidas. Richard Branson, el emprendedor fundador de Virgin, enviaba recientemente una carta a los empleados de sus oficinas centrales de Londres invitándoles a cogerse todas las vacaciones que quieran sin tener que pedir permiso, como reconocimiento al hecho de que es posible trabajar desde cualquier sitio y de que es necesario confiar en la profesionalidad del propio equipo.

El reciente anuncio de General Electric para ofrecer vacaciones ilimitadas a unos 30.000 empleados (más del 40% de la plantilla) en Estados Unidos, responde asimismo a la tendencia de que cada vez más compañías se plantean conceder a sus empleados la posibilidad de escoger cuándo y dónde van a desarrollar sus actividades, o incluso la necesidad de acudir a la oficina. 

Este es un nuevo reto y una interesante posibilidad que afecta también a los modelos de trabajo, a la conciliación (o integración), a la productividad y a la forma de entender la gestión del tiempo.

Hay un nuevo modelo de relación profesional en el que los horarios fijos y el presentismo tienden a desaparecer, y en este escenario la evaluación de los profesionales y su retribución se relacionan con la consecución de resultados. 

Pero sólo se puede dar más libertad en la autogestión del tiempo en determinadas funciones y sectores, y ésta puede ofrecerse allá donde sea fácil establecer objetivos claros y donde sea posible medir los resultados, como es el caso de aquellas empresas en las que se trabaja por proyectos.

Trabajar más o menos... trabajar mejor o peor...

Si nuestra compañía nos permitiera escoger cuándo podemos trabajar, o dónde queremos hacerlo, seríamos mucho más felices, aunque debemos refrenar la emoción y plantearnos si se trata de algo productivo y realista. 

Sin embargo, realidades ya consolidadas como el hecho de no tener que estar en la oficina para desarrollar nuestra actividad profesional no impiden que sigamos dedicando aún más tiempo a nuestro trabajo. Montse Ventosa, socia directora de Grow, recuerda que "muchos pensaban que con la tecnología todos trabajaríamos menos. Sin embargo, algunos afirman que trabajamos más. En mercados como el estadounidense está ocurriendo eso. Allí sólo un 42% trabaja 40 horas a la semana. Lo que tal vez esté desapareciendo es la jornada de trabajo de 9 a 17... O la jornada de trabajo en la oficina. Pero en esta nueva etapa, las fronteras físico-temporales del trabajo están cambiando, en algunos casos para bien y en otros para mal... Depende de cada persona y de cada momento". Aunque las nuevas estrategias de flexibilidad pueden llevar a pensar que la situación es idílica, Karyn Twaronite, experta en diversidad global, concluye too lo contrario en un reciente informe de EY, y asegura que "cada vez trabajamos más y peor".