miércoles, 12 de junio de 2013

¿Qué jefe prefieres?


Este mes en Motivación y más preguntábamos sobre cómo es el jefe ideal y el trato que esperamos de alguien que está por encima. Los porcentajes de respuesta son los siguientes:

Una persona que delegue y sólo pida cuentas al final de los trabajos 59.74%  
Un superior que está inmerso en cada paso del proyecto 28.57%  
Un jefe autoritario que deja hacer pero que controla cada aspecto 11.69%
  
La opción que más votos ha conseguido es la de tener un jefe que delegue y pida cuentas en la terminación del proyecto. La tendencia del mercado laboral está llevando a que la autonomía sea el denominador común de muchos proyectos. De ahí la necesidad de consolidar un tipo de liderazgo basado en la delegación.

Javier Martín de la fuente, en uno de los capítulos del libro Los mitos de Silvia, explica como uno de los aspectos que más cuesta en las organizaciones es precisamente ese, dar a otros las funciones. Según este experto “hay que llevar a las máximas consecuencias el proceso de delegación. Cada uno de los miembros del equipo son responsables de los objetivos a alcanzar y en ellos está que lo consigan o no”. La vinculación del equipo crecerá en función de lo partícipes que se sientan a la hora de tomar y ejecutar decisiones que encaminen hacia los objetivos. Por eso delegar implica confianza. Para desarrollarla es necesario trabajar aspectos como la comunicación o el buen trabajo de la estrategia.

Esa confianza mejora los resultados como demuestran desde hace años los estudios relativos al efecto Pigmalión. Una teoría psicológica que determina que nuestras actuaciones dependen de las expectativas ajenas. Así en el campo militar se han realizado varios estudios que analizan este efecto Pigmalión. Por ejemplo realizados en las fuerzas de defensa israelíes. En una de esas investigaciones decenas de militares recibieron un curso sobre comando de combate de quince semanas. A los instructores se les dijo que todos los soldados había realizado tests fidedignos y por eso se les distribuía en tres grupos. Los que habían recibido un sobresaliente, los que habían obtenido un suficiente y otra tercera parte que no había sido calificada por escasez de datos. Sin embargo la distribución se había realizado al azar.

Al terminar ese curso, según Jeith Murnighan, “los soldados que habían obtenido una (supuesta) calificación de sobresaliente realizaron una serie de test y obtuvieron una puntuación del 22,7 % superior a la que había obtenido los soldados con una calificación de suficiente. Su actitud con respecto al curso también era un 46,3% más positiva que el otro grupo; e incluso pensaron que sus instructores había mostrado más capacidad de liderazgo”.

Lo que menos gusta es  el jefe autoritario que controla cada aspecto. Bajo ese estricto mandato los niveles de rendimiento, según han comprobado los expertos decaen. Sobre todo, por que el colaborador empieza a sentir los objetivos de la empresa como algo ajeno. Miriam Ortiz de Zarate y Silvia Guarnieri, en el libro No es lo mismo, determinan que  “cuando ejercemos el control sobre otra persona a un nivel profundo le estamos transmitiendo el siguiente mensaje: «no confío en ti. Quiero que las cosas se hagan a mi manera. No creo que seas capaz de hacerte responsable»”.