lunes, 27 de abril de 2015

¿Eres un líder rebelde o más bien pasivo?

Laura Martín

En una partida de ajedrez tipo “blitz” o “lightning”, en las que el tiempo es un factor condicionante para cada uno de los movimientos de los jugadores, “seguramente ganaría un líder rebelde debido a su osadía y valentía”, declara el historiador y autor Nacho Soriano. Sin embargo, “en una partida con todo el tiempo del mundo, un líder pasivo sería vencedor gracias a su capacidad de espera”, a esa inacción que obliga al contrincante a mostrar todas sus cartas antes de dar el jaque mate final.

Los libros de historia de la humanidad están repletos de reyes, líderes, luchadores, y rebeldes que con sus actos y su forma de liderazgo han cambiado el curso de los acontecimientos.  Napoleón, los Reyes Católicos, Nelson Mandela o el presidente Kennedy fueron piezas clave del sistema en sus respectivas épocas. Sin las hazañas de cada uno de ellos, la historia tal y como la conocemos hoy en día, sería completamente diferente. Y ahí es dónde radica la contradicción, porque precisamente “en las decisiones complejas es en donde se ve la talla de los líderes, que son responsables de cada éxito y cada fracaso”, afirma Gonzalo Martínez, uno de los autores de “Huellas de gigantes”. Por tanto, ¿un líder puede ser pasivo? ¿puede funcionar una organización con un líder que se deja hacer y es ambiguo en cuanto a sus decisiones?

Seguramente, en alguna empresa se ha encontrado con este tipo de jefes, personas ambiguas que no ofrecen respuestas y soluciones claras a los problemas, y que en muchas ocasiones dejan pasar el tiempo para llevar a cabo cualquier tipo de acción. “Son líderes que te ponen nervioso, porque no sabes bien por donde van a salir”, explica Martínez. Es importante conocerlos, para saber tratar con ellos y poder negociar acuerdos. “En las reuniones tienden a escuchar, a buscar puntos de encuentro, a conciliar y llegar a acuerdos sin levantar mucho polvo”, añade el escritor.

Según Soriano el dirigente pasivo “es más un gestor que un líder propiamente dicho, gestiona la realidad de forma adecuada pero esta más preocupado por administrar la realidad que por crear una nueva”. Estas características son propias de reyes como los austrias menores, “Felipe II, Felipe IV o Carlos II, fueron reyes controlados por sus validos, fueron jefes de gobierno porque les tocó la corona pero delegaron la mayoría de funciones”, afirma. En la actualidad, este tipo de liderazgo se encuentra en la política y en la administración pública, en las que se utiliza mucho la expresión “ponerse de perfil”, que significa no dar una respuesta clara, no posicionarse o dejar pasar una situación. El historiador Soriano resalta que “el líder pasivo es un artista en ponerse de perfil, quedando bien con todos sin resolver el problema pero sobreviviendo. El líder pasivo es sobre todo, un superviviente”.

Por tanto, a la hora de tener que tratar con un jefe pasivo es importante aceptar la realidad a la que te enfrentas y saber que puedes esperar de él. Además, es preferible darle soluciones meditadas para que las valide, pero sobre todo una cosa muy importante es verificar los acuerdos y dejarlos por escrito, “mandarle un e-mail y verificar lo que se ha hablado, en que se ha quedado y cuál es el acuerdo o solución final”, estima Nacho Soriano.

En contraposición, se encuentra el líder rebelde, aquel que se enfrenta a los problemas de cara y realiza un plan de acción para ofrecer medidas que pongan fin al asunto. Lo que realmente caracteriza a un líder inconformista es “el hartazgo de un sistema que considera injusto y plantea la posibilidad de un mundo nuevo igualitario en el cuál las cosas son diferentes”. Por ejemplo, Steve Jobs se planteó acercar la informática a todas las personas de ‘a pié’ porque pensaba que podría tener grandes aplicaciones en el futuro. Otros líderes indomables en la historia han sido los Reyes Católicos que lucharon contra el ‘estatus quo’ del momento o Nelson Mandela, que vivió la mayor parte de su vida luchando contra el ‘apartheid’.

La gran ventaja de este tipo de liderazgo está en el criterio propio, y sobre todo en tener claro que no se quiere, “cuando niegas un rumbo de acción estas generando  posibilidades, y alternativas”, explica el autor Gonzalo Martínez.  Además, añade que “a todos nos viene muy bien tener personas rebeldes en las empresas pero que esas personas nos den alternativas, que no sean personas contestatarias a todo lo que se propone y aporten ideas nuevas”.

Otro punto muy importante está en ganarse la simpatía de sus seguidores, ya que debido a sus ideas generan muchas pasiones pero también mucho rechazo. Sus habilidades comunicativas y su carisma son prácticamente inherentes a su capacidad de liderazgo. Así mismo, tienen que luchar contra sus puntos débiles como son el ego y su propia impaciencia, el querer encontrar solución a sus problemas de manera rápida. “Es importante que comprendan que los cambios importantes requieren plazos y tiempo. Un gran líder rebelde pero que supo esperar fue Mandela, también debido a las circunstancias de que fue encarcelado, pero entendió que el tiempo era necesario para conseguir sus objetivos”, afirma Martínez.

Sin embargo, lo más bonito de la rebeldía es sin duda saber racionalizarla en pequeñas dosis, “no hay por qué elegir ser al 100 % rebelde, hay que tener la inteligencia de saber cuando la realidad te pide más rebeldía y osadía, y cuando te pide más mano izquierda. Al final es un tema de equilibrios”, concluye Gonzalo. Este es el verdadero secreto de un buen liderazgo.