viernes, 24 de abril de 2015

La crisis de los 40: convertirse en sénior

Directivo. 39 años. Un currículum intachable. Una carrera profesional exitosa…pero algo falla. No se siente realizado. Se replantea su trayectoria. Llega la crisis de los 40.

La vida pasa por diferentes periodos de estabilidad y de inestabilidad, es como una montaña rusa, unas veces arriba y otras con todo patas arriba. Durante las épocas de estabilidad las personas construyen su vida en torno a unos pilares, focalizan su profesión, se especializan en lo que más les gusta en ese momento, forman una familia, etc. Según los expertos, estos periodos suelen durar unos siete años.

“Muchas personas describen este periodo de tiempo como el más interesante de sus vidas, a pesar de la adaptación permanente que tienen que hacer ante nuevas responsabilidades personales, familiares y laborales”, explica Vicente Prieto, psicólogo del Colegio de Psicológos de Madrid.

Pero tras el “subidón”, cuando llegan al punto culmen de su carrera, a la cima de la montaña, ya parece que sólo queda descender. Tras experimentar el éxito, muchos comienzan a preguntarse a sí mismos si quieren más de lo mismo o si necesitan un cambio en sus carreras o en sus vidas. “A veces es a raíz de algún tipo de insatisfacción en un área importante de su vida que tiende a extender a las demás. En ese momento empieza a plantearse si quiere seguir viviendo su vida de esa manera o no. Sin saber a veces qué quiere cambiar y cómo hacerlo”, añade Prieto.

La “teoría de la mediana edad” o “picor de los 7 años” explica el por qué de la crisis de los 40, según Daniel Levinson, psicólogo conocido por sus estudios en cuanto al desarrollo de la vida adulta, publicadas en Seasons of a Man´s Life. Esta teoría lo que pretende es desarrollar el progreso personal y laboral mediante ciclos de transición y dudas para alcanzar la madurez.

Este proceso se divide según Levinson en tres partes diferentes:

1. Reevaluar el pasado. La pregunta clave es ¿qué he hecho en todos estos años?. A partir de ahí, se van encadenando una serie de dudas en cuánto a la trayectoria profesional y la vida personal. Quizá, piense que la mayoría de su vida laboral ya ha pasado y quiere tener claro en qué y cómo va a emplear los años restantes. Unos pueden sentirse inseguros y perdidos en la búsqueda de un proyecto más suyo y otros, sin embargo, pueden arriesgarse a experimentar algo nuevo, dejar todo y lanzarse hacia nuevas aventuras, buscando “peligro” u “oportunidades”.

2. Modificar o renegociar los compromisos actuales. Tras reflexionar sobre el pasado, algunos emprenden su propio negocio, otros se divorcian, otros deciden mudarse o irse a otro país a continuar desarrollando sus carreras, etc. La única forma de saber qué es lo que se quiere a partir de ese momento es experimentar y poner a prueba los aspectos de su vida en los que no está conforme. Hay que afrontar que se está en mitad de una transición. Para ello, es importante contrarrestar esta reacción buscando apoyo en otros que se encuentran en la misma situación, conversando y compartiendo los problemas, con el fin de aprender de los demás.

3. Lograr la transición. Convertirse en sénior. Ese es el objetivo, renovarse o morir. No es necesario romper con nuestro “yo”, sino marcar y reencaminar nuestra trayectoria. Si siente que el periodo de cambio ha terminado, que ha encontrado el fin a su crisis, enhorabuena, ha logrado llegar a su meta.

La seguridad, el confort y la certeza han sido puestos a prueba. Realizar una evaluación de nuestra trayectoria no tiene que suponer un caos, esa transición es síntoma de cambio, de superación y mejora.