lunes, 19 de octubre de 2015

Trabajar en la nube: el nuevo paradigma

nube humana
Entre los nuevos modelos de empleo que se centran en proyectos y tareas concretas destaca la 'nube humana' virtual de empleados dispersos por el mundo. Una fórmula que recompensa a los trabajadores por su productividad, sin importar su ubicación.

Desde su cueva en su casa de Rhode Island, Set Sar gana dinero permitiendo que una compañía registre hasta el más mínimo movimiento de sus ojos a través de la webcam de su ordenador.
A unos 16.000 km de distancia, Adi Nagara estudia una industria indonesia para una consultora desde su casa de Yakarta. Aunque hacen tareas distintas por sumas muy diferentes en distintos extremos del mundo, ambos están conectados. Son miembros de la nube humana.


Las empresas empiezan a ver la nube humana como una nueva forma de trabajar. Los empleos se dividen en cientos de discretos proyectos o tareas, y luego se dispersan por una nube virtual de trabajadores que podrían estar en cualquier parte del mundo, siempre que dispongan de una conexión a Internet.
Algunas tareas son tan simples como buscar teléfonos en la Red, escribir datos en una hoja de cálculo o ver un vídeo mientras una webcam registra los movimientos de tu ojo. Otros, como escribir un código o completar un proyecto de consultoría a corto plazo, son más complejos. El nexo que los une es que son tareas ejecutadas por encargo y a distancia por personas que son trabajadores independientes. Las firmas gastaron entre 2.800 y 3.700 millones de dólares (entre 2.460 y 3.250 millones de euros) a nivel global el año pasado en pagos a trabajadores y en las plataformas que actúan como intermediarias en la nube humana, según un informe de Staffing Industry Analysts.
Para sus defensores, la nube humana promete acabar con la falta de talento, mejorar el empleo y crear una meritocracia en la que los trabajadores sean recompensados únicamente por su productividad, sin importar su ubicación, educación, género o raza.
Lo que se ve en la nube es un salvaje oeste de talleres clandestinos virtuales no regulados, que rompe el sector de los servicios en sus partes constituyentes, y que hace a la gente competir en una carrera mundial en la que sólo puede haber perdedores.
Que la nube humana sea más una utopía o una distopía depende en parte de dónde te encuentres en la jerarquía. Set Sar está cerca del fondo. Se unió a la nube humana a través de Mechanical Turk de Amazon, un portal administrado por el minorista de Internet donde peticionarios pagan a los Turkers por hacer pequeñas tareas sencillas en las que los humanos siguen destacando sobre las máquinas, como transcribir archivos de audio, rellenar encuestas o etiquetar fotografías con palabras claves relevantes. Amazon denomina "tareas de inteligencia humana" (HIT en sus siglas en inglés) a los trabajos que se ofrecen . Muchos sólo pagan unos pocos centavos por trabajo. Más arriba en el orden jerárquico hay plataformas como Upwork, Freelancer y People per Hour, que ofrecen tareas especializadas como la redacción de textos, o trabajos informáticos o de diseño.
Algunas de las plataformas invitan a los trabajadores a "pujar" por las tareas que se ofrecen. Otras realizan el pago por hora. En la mayoría de los casos, los empleadores y los trabajadores se puntúan tras finalizar un proyecto.

Oportunidades y costes

Es evidente que la nube humana es prometedora para las empresas, que se quejan con frecuencia de la falta de talento y de trabajadores inmigrantes con conocimientos. Es especialmente útil para las start up. Dom Bracher, el fundador de 22 años de la empresa británica de márketing móvil Tapdaq, utiliza a desarrolladores y a diseñadores de Escandinavia y el centro de Europa. "No hace falta que alguien esté en la misma ciudad que tú", comenta.
La otra cara de la moneda es que los trabajadores de las regiones donde el coste de la vida es más bajo pueden ofrecer precios inferiores que países más costosos. Muchos trabajos de informática y de teleoperadores se han externalizado a países como India, pero Guy Standing, un académico autor de varios libros sobre la inseguridad laboral, señala que la próxima oleada de "externalización silenciosa" será más devastadora para los salarios y las condiciones en el mundo desarrollado.