martes, 6 de septiembre de 2016

Qué te hace parecer ridículo y ahuyenta a los reclutadores



'Apasionado', 'la tenacidad por bandera', 'amante de la verdad'... Crees que ciertos conceptos con los que te defines en las redes te harán más atractivo para los empleadores... Pero con todo eso los repeles.

Quizá ser tan original y definirte de esa forma que te parece tan extraordinaria y diferente no te haga mucho bien de cara a los reclutadores. Aquello que te parece tan atractivo y rompedor en tu bio de Twitter o en las definiciones y textos que incluyes en otras redes sociales ofrece una imagen de ti contraria a lo que pretendes. No atrae ni cautiva. Más bien provoca rechazo y te pone en ridículo.

Guillem Recolons, socio de Soymimarca, advierte de que los tópicos no se utilizan sólo en las ruedas de prensa antes o después de los encuentros de fútbol: "También han invadido de pleno la jerga con la que se redactan los currículos, los perfiles de LinkedIn y todos aquellos entornos en los que se pretende atraer a un reclutador para obtener un puesto de trabajo".

El experto detecta un lenguaje excesivamente edulcorado en la redacción, y una tendencia peligrosa a sobredimensionar el título profesional. Se pregunta "por qué hoy todo el mundo es CEO" en sus bios, en lo que claramente parece una nueva epidemia de titulitis.

Andrés Pérez Ortega, consultor en posicionamiento personal, coincide en que "especialmente en redes 'serias' como LinkedIn, pero también en los perfiles de Twitter, se han multiplicado los CEO. Da igual que trabajes en el cuarto de estar de tu casa o que apenas generes ingresos. Hoy nadie es autónomo, todos somos CEO y cuanto más rimbombante sea el título, mejor".

Una tendencia nociva
Ovidio Peñalver, socio director de Isavia, recuerda la importancia de las redes sociales como altavoz y carta de presentación de quién eres, y señala que "hay que tener cuidado con lo que decimos y cómo lo decimos, porque no sólo nos miran los reclutadores. También nuestros clientes, los competidores, los compañeros, amigos y nuestro propio jefe".

Recolons se refiere asimismo a una tendencia happy flower con relatos que se usan en titulares de currículos o de redes profesionales: "Es razonable que en un relato personal se pueda utilizar 'apasionado', 'motivado' o 'salí de mi zona de confort', pero cuando el espacio es limitado es mejor centrarse en nuestra oferta concreta y profesional".

Peñalver asegura que los textos de presentación son fundamentales, y cita tres pautas decisivas: que tengan consistencia y coherencia; que incluyan un punto de frescura y originalidad que llame la atención (sin excesos absurdos), y que sean auténticos y veraces. Se debe tener en cuenta que hay quien engaña ya en ese primer texto.

El socio director de Isavia también coincide que el lenguaje happy flower lleva a expresiones como "amante de la vida y la verdad", y recuerda que "es necesario plantearse para qué usamos las redes: si es para el trabajo, para las relaciones sociales o para sentirnos conectados con el mundo... Algunos proyectan un ideal y ponen lo que les gustaría ser, no lo que en realidad son".

No tan diferente...
Recolons recuerda además que LinkedIn publicó recientemente las palabras que más se utilizan en los perfiles españoles: apasionado, creativo, motivado, estratégico, especializado, liderazgo, multinacional, responsable, experto, experiencia internacional... Para Recolons, "utilizar estas palabras implica ser como todos los demás, y eso hará que no marquemos ninguna diferencia".

Añade que "a los reclutadores les puede interesar conocer cuáles son nuestros valores durante una entrevista, pero lo ideal es evitar el exceso de azúcar en la primera impresión que reciben de nosotros, ya sea digital o en formato CV. He llegado a ver definiciones tan absurdas como 'apasionado por la logística', y me pregunto si un enterrador que está a gusto con su profesión diría 'apasionado por los difuntos'".

En este sentido Pérez recuerda que "cada vez más gente pone en su perfil (especialmente en Twitter y en LinkedIn) que es un apasionado de algo, que va desde lo más ridículo a lo más irrelevante.

Recolons concluye que "siempre se recomienda centrar el mensaje en la propuesta de valor, entendida como el beneficio que obtendrá la empresa si nos contrata. De todas maneras, a un empresario o autónomo que no busque trabajo todo esto no le afecta y puede usar el lenguaje que crea oportuno".

Peñalver cree que "si uno no quiere arriesgar demasiado, lo mejor es ser original y universal. Pero si está decidido a hacerlo puede hablar de ideales y tendencias. Eso genera detractores de forma gratuita, pero también simpatizantes".

Por qué no debes abusar de ciertas 'modas'
Para Andrés Pérez, consultor en posicionamiento personal, hay conceptos que, por el abuso o por subirse a ciertas modas, suenan cada día peor:
PROCASTRINAR. Es un término 'políticamente correcto' que transmite que alguien tiende a hacer el vago.
RESILIENCIA. Hoy ya no eres un testarudo, sino más bien resiliente. Si eres un profesional de recursos humanos quedarás como un gurú si hablas de esto en una reunión en la que haya que discutir sobre exigir más al personal.
CITAS. Einstein, Coelho, Churchill... Lo importante es llenar la red de citas.
ZONA DE CONFORT. No hay nada más confortable que las redes sociales. Sentado en un sillón cómodo con una tableta puedes lanzar mensajes a todo el mundo animando a salir de la zona de confort. Hoy no eres nadie si te quedas dentro.
SER POSITIVO. En 'dospuntocerolandia' hay una obsesión por el pensamiento positivo,un narcótico que anima a dejar de actuar porque basta con pensar que todo va a salir bien. Son los del pensamiento negativo los que ven problemas en todas partes y por lo tanto también oportunidades. Es difícil superar la 'procrastrinación' si crees que todo se va a solucionar con la fuerza del pensamiento.

REINVENTARSE. Los que dicen que hay que salir de la zona de confort predican la reinvención profesional. No hablan de mejorar lo que tienes o de moverte más en tu sector, hay que dar una vuelta al calcetín laboral. Frente a los casos de éxito (reales o ficticios) hay más fracasos de los que nadie habla.